Corpus Christi, también conocida como la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es una de las celebraciones más importantes en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica. Esta fiesta se celebra el jueves después de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, aunque en muchos lugares se traslada al domingo siguiente para facilitar una mayor participación de los fieles. Corpus Christi es una festividad que honra la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. La celebración incluye la Misa solemne y, en muchas comunidades, una procesión eucarística que recorre las calles, llevando el Santísimo Sacramento en una custodia, acompañado de cantos, oraciones y una manifestación pública de fe. Esta procesión es un acto de adoración y testimonio público de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
La celebración de Corpus Christi tiene una profunda significancia teológica y pastoral, reafirmando la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia. Es un momento para que los fieles renueven su fe en el misterio eucarístico y su compromiso con la adoración y el servicio.
Corpus Christi celebra la presencia real de Cristo en la Eucaristía, recordando el sacrificio de Jesús en la Última Cena cuando instituyó este sacramento. La fiesta reafirma la creencia de que, en la consagración del pan y el vino, estos se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Esta solemnidad invita a los fieles a adorar y venerar el Santísimo Sacramento, profundizando su amor y devoción por la Eucaristía. Las horas santas y las vigilias de adoración son prácticas comunes que acompañan esta celebración.
La procesión eucarística es un testimonio visible de la fe católica. Al llevar el Santísimo Sacramento fuera de la iglesia y por las calles, los fieles expresan su fe públicamente y llevan la presencia de Cristo a la sociedad, bendiciendo los lugares por donde pasa la procesión.
Unidad y Comunión: Corpus Christi es una ocasión para que la comunidad se reúna en adoración y celebración, fortaleciendo los lazos de comunión entre los fieles y con la Iglesia universal. La participación en la Eucaristía y la procesión une a la comunidad en una expresión de fe común y compartida.
En la diócesis de Lomas de Zamora, la celebración de Corpus Christi es un evento central que involucra a todas las parroquias y comunidades. La Misa solemne es presidida por el obispo, seguido de una procesión eucarística que recorre las calles principales, permitiendo a los fieles demostrar su devoción y fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Las calles se adornan con alfombras de flores y altares, y se realizan paradas en varios puntos para bendiciones especiales.
La celebración de Corpus Christi es un recordatorio poderoso de la presencia constante de Cristo en la vida de la Iglesia y de la llamada a vivir en comunión con Él y con los demás. Es una invitación a todos los fieles a renovar su fe, a adorar a Cristo en la Eucaristía y a llevar su presencia amorosa a todos los rincones de la sociedad.
"Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama."
Lucas 22:19-20
La diócesis de Lomas de Zamora celebró la solemnidad de Corpus Christi con una misa presidida por el obispo Jorge Lugones SJ en el Estadio Polideportivo del Parque Municipal, seguida de una procesión hasta la catedral Nuestra Señora de la Paz. En su homilía, monseñor Lugones instó a los sacerdotes y fieles a «organizar la esperanza», subrayando la urgencia de enfrentar la emergencia alimentaria y la desigualdad social que aquejan a la comunidad. El obispo resaltó que celebrar a Jesús Eucaristía no puede dejarnos indiferentes ante el hambre y la falta de recursos de muchos hermanos, llamando a una acción conjunta que refleje el amor y la solidaridad cristiana.
La celebración, que congregó a todas las parroquias, capillas y movimientos de la diócesis, contó con la participación de autoridades locales y diversos funcionarios. Durante la procesión, el Santísimo Sacramento fue llevado en una custodia, permitiendo a los fieles adorar públicamente la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Esta festividad se enmarcó en el bienio jubilar por el 160° aniversario de la llegada de la imagen de Nuestra Señora de la Paz, patrona de la diócesis, y reafirmó el compromiso de la Iglesia local de vivir y testimoniar su fe en comunión y servicio a los más necesitados.