Mensaje de Pascua (2019)

Caminando hacia la Pascua
Lc. 24, 13-35

 

Querida Comunidad Diocesana:
Como peregrinos de la vida hoy recibimos el gozo del anuncio del Señor de la Vida: “Es verdad el Señor ha resucitado[1]…”

Peregrino fue el pueblo elegido porque nunca tuvo la oportunidad de detenerse en su marcha. Iba por etapas en el desierto y hubo muchas en su camino. Una y otra vez pensó que al conseguir su meta tendría solucionado sus problemas, y una y otra vez debió darse cuenta que el camino lo llevaba más allá.

Peregrinos son Cleofás y su compañero, ellos vuelven desolados de Jerusalén, después de la muerte de Jesús[2].

En la contemplación de la escena evangélica de los discípulos de Emaús, se nos presenta el camino. Nosotros hemos recorrido el camino de la cuaresma, que nos abre al encuentro de la luz pascual.

Iban conversando y discutían por el camino… su gesto es de preocupación y decepción. Nosotros pensábamos pero… nosotros creíamos pero… es la realidad del que camina sin ilusiones, del que está de vuelta de todo, porque no hay otros horizontes donde apuntalar la esperanza.

Nos puede pasar como a los de Emaús: sentirnos desesperanzados ante tanta impunidad, violencia familiar, inseguridad, trata de personas y sufrimiento de los que están fuera del “sistema”, sea laboral, sanitario, educativo, cultural y religioso. Francisco nos invita a transformar el corazón, más que decir, hacer: “… Dios pedirá cuentas al hombre de lo que habrá hecho a hambrientos, sedientes, encarcelados, extranjeros. Esta es la vida cristiana. En cambio, el sólo decir nos lleva a la vanidad, a aquel hacer de cuenta que somos cristianos. Pero no, no se es cristianos así. Que el Señor nos de esta sabiduría de entender bien dónde está la diferencia entre el decir y el hacer, nos enseñe el camino del hacer y nos ayude a ir por aquel camino”[3].

Pienso en la falta de solidaridad por “la casa común”: ante los basurales a cielo abierto, la contaminación de nuestra cuenca Matanza-riachuelo donde tantos aún siguen esperando una solución de fondo, la contaminación de nuestros niños con plomo en sangre, que habitan terrenos rellenados con tierra contaminada…

Nos recuerda Francisco: “Nunca maltratamos y herimos nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos... Esas situaciones provocan los gemidos de la hermana Tierra, que se unen a los gemidos de los abandonados del mundo, con un clamor que reclama de nosotros otro rumbo”[4]

Ante este nublado desencanto, elcaminar hacia la Pascua nos tiene que despertar, porque la mirada y la compañía del Señor despeja el horizonte, porque el andar en la cuaresma con buenas intenciones y tal vez con pocas obras de misericordia, nos empañan la luminosidad gratuita y esperanzadora de la Pascua, porque andamos atrapados por la ansiedad y el apuro, pasamos sin ver, oímos sin escuchar, miramos sin contemplar al Cristo hermano en el Camino.

Avergonzados frente a la situación desesperante y desesperanzada de nuestros jóvenes adictos, que en nuestra zona sur no tienen donde internarse ante una crisis. Ante la creciente demanda de tantas mujeres violentadas o en situación de calle. Ante la inseguridad de la población donde la solución parece ser la represión y no la prevención. La multiplicación de merenderos y comedores es un gesto de caridad, pero con mucho pesar, pues no merecemos como pueblo esta situación degradante. Agradecemos los hogares de acogida y atención que están continuamente y a destajo abrazando esta dolorosa realidad de tanto dolor y angustia acumulados... pero, ¿a cuántos podemos llegar?

Que el resplandor del Señor Resucitado nos descubra su rostro en tantas hermanas y hermanos que nos necesitan. Donde el Caminante se nos haga él mismo Camino de mano tendida y espera confiada. Un Camino que nos invita a recobrar el fervor y la esperanza: “Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día se acaba… y lo reconocieron al partir el pan…[5] ¿No ardía nuestro corazón por el camino cuando nos explicaba las escrituras?[6]”.

Que la Virgen de la Paz, peregrina del amor, nos lleve a su Hijo, Camino, Verdad y Vida; María mujer eucarística, nos ayude como Iglesia Diocesana a reconocer en la Eucaristía la fuerza renovadora del anuncio, como fuente y origen de la Vida Verdadera y nos anime a no claudicar en la tarea por afianzar el Bien común.

LES DESEO A TODAS LAS COMUNIDADES Y A TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD DE NUESTRA DIÓCESIS:¡MUY FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!

Con mi bendición.

Mons. Jorge Rubén Lugones  SJ
Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora

[1]Lc. 24,34

[2]Ibid

[3]Francisco, 23-02-16

[4]LS Nº 53

[5]Lc. 24,29

[6]Lc. 24,32

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